Tenía 19 años y solo buscaba un lugar donde sentirme tranquilo… pero nunca imaginé que el gimnasio cambiaría todo.
Entre miradas incómodas, nervios que no podía controlar y una presencia que llegó sin avisar, mi rutina dejó de ser solo ejercicio. Desde el primer momento en que lo vi, supe que algo dentro de mí estaba despertando… algo que no podía ignorar.