Nunca Debí Enamorarme de Él 😮💨💭

Nunca pensé que terminaría enamorándome de la única persona que jamás debía mirar de esa manera.
Soy Damián, tengo 22 años y todo esto comenzó en Monterrey… el lugar donde conocí el amor y el miedo al mismo tiempo.
Mi primo y yo realmente hablábamos poco. O sea, sí nos conocíamos de toda la vida, obviamente… pero a pesar de vivir relativamente cerca, casi nunca convivíamos demasiado.
Todo cambió cuando entramos a la preparatoria. Por cosas del destino terminamos en el mismo salón… en el mismo grupo… literalmente juntos todos los días.
Y aunque éramos familia, poco a poco empezamos a volvernos inseparables. Nos hicimos mejores amigos.
Desayunábamos juntos en los recreos, nos acompañábamos a todos lados y conocíamos a los amigos del otro… era como si, entre toda la gente, siempre termináramos buscándonos.
Y pues ya saben cómo es esa etapa… empiezan las fiestas, las reuniones, las escapadas con amigos… esa edad donde uno siente que el mundo apenas está comenzando.
Y hasta ese momento, tanto él como yo estábamos completamente seguros de quiénes éramos. Nunca nos habíamos cuestionado nada. Éramos dos chicos normales… hablando de chicas, saliendo con amigos, viviendo la preparatoria como cualquiera.
Pero hay momentos que te cambian la vida sin avisar. Y el primero de esos momentos llegó en una fiesta… cuando ambos teníamos 19 años.
Todo empezó en una de esas reuniones normales que, según tú, solo van a terminar en risas y ya. Estábamos jugando a la botella… al típico “verdad o reto”.

Y pues ya saben cómo se ponen esos juegos cuando todos andan emocionados… empiezan a inventar cosas cada vez más incómodas.
Entre los retos estaba eso de mandar a dos personas a un cuarto oscuro durante unos minutos. Según ellos daba risa porque todos se quedaban afuera gritando tonterías.
Y en una de esas vueltas… la botella nos señaló a mi primo y a mí. La verdad, ninguno le tomó importancia. Pensamos que sería cualquier tontería.
Pero nuestros amigos empezaron a empujarnos mientras gritaban: “¡Al cuarto oscuro, al cuarto oscuro!” Y pues el famoso cuarto oscuro era el baño de la casa… chiquitísimo, sin ventanas y con la luz apagada.
Cuando cerraron la puerta nos quedamos completamente a oscuras. Afuera seguían las risas y la música… pero adentro todo se sentía raro. Diferente.
Como el espacio era tan pequeño, prácticamente estábamos pegados. Y en un momento… mi mano rozó la suya sin querer. Entonces él me agarró la mano.
La verdad, en ese instante no pensé nada raro. O sea… era mi primo. Éramos mejores amigos. Siempre nos llevábamos pesado, nos abrazábamos jugando, nos empujábamos… para mí era algo completamente normal entre nosotros.
Pero después de eso él se acercó un poco más… y me abrazó. Y ahí sí me saqué de onda. No porque me molestara… sino porque sentí algo raro en el pecho que no sabía explicar.

Aun así no me alejé. Los dos habíamos tomado, estábamos nerviosos, encerrados en ese espacio tan pequeño… y de pronto él se hizo un poco hacia atrás, me miró por unos segundos y, sin decir absolutamente nada… me besó.
Y lo más extraño fue que yo le seguí el beso. Hasta el día de hoy recuerdo lo rápido que pasó todo… como si mi cabeza hubiera dejado de pensar por unos segundos.
Nos quedamos ahí, besándonos, intentando entender qué estaba pasando… mientras afuera nuestros amigos seguían gritando y riéndose sin imaginarse absolutamente nada.
Después se acabó el tiempo y tuvimos que salir. En cuanto abrimos la puerta intenté actuar normal. Hasta hice bromas para disimular los nervios.
Pero entre él y yo quedó un silencio rarísimo después de eso. Ninguno mencionó el beso. Nunca hablamos de lo que pasó en ese baño.
Y aunque intentamos seguir como si nada hubiera ocurrido… algo entre nosotros ya se había movido. El tiempo pasó y seguimos saliendo con amigos, yendo a fiestas y haciendo nuestra vida normal.
Después terminó la preparatoria y llegó esa etapa donde empiezas a darte cuenta de que la vida ya va en serio… los exámenes, la universidad y el miedo a tomar caminos diferentes.

Para ese momento mi primo y yo seguíamos siendo inseparables. Después de aquel beso nunca volvimos a hablar del tema… pero tampoco nos alejamos.
Los dos queríamos entrar a la misma universidad, aunque las cosas no salieron igual para ambos al principio. Mientras yo comenzaba las clases, él tuvo que entrar en otra universidad porque no paso el examen. Y aunque parezca exagerado… extrañarlo todos los días me pegó más de lo que imaginaba.
Pero un año después por fin entró a la misma universidad también. Recuerdo perfectamente la emoción que sentí cuando me lo contó. Era como si algo volviera a acomodarse dentro de mí.
Y desde entonces volvimos a lo mismo de siempre: desayunar juntos, esperarnos a la salida, irnos juntos a casa y pasar prácticamente todo el día pegados. También regresaron las fiestas, las reuniones y las salidas con amigos.
Él se llevaba increíble con mis amigos y yo con los suyos, así que al final siempre terminábamos juntos. Y aunque todo parecía completamente normal… dentro de mí empezaba a crecer una sensación que ya no podía seguir ignorando.
Porque después de aquel beso en la preparatoria, las cosas entre nosotros nunca volvieron a sentirse iguales. Lo raro fue que nunca volvimos a tocar el tema.
Nunca nos sentamos a preguntar qué había significado ni por qué pasó. Supongo que los dos intentamos convencernos de que solo había sido el alcohol, la confusión del momento… cualquier cosa menos aceptar lo que realmente nos hizo sentir.
Y así pasó el tiempo.

Hasta que llegó una fiesta que terminó cambiándolo todo otra vez. Una amiga organizó una reunión en su casa, bastante lejos de la universidad, así que varios nos fuimos juntos desde temprano. Obviamente yo invité a mi primo.
Esa noche la pasamos increíble… música, risas, bebida, pláticas… de esas noches donde por unas horas se te olvida todo. Conforme fue avanzando la madrugada, la gente empezó a repartirse por toda la casa para dormir.
Las chicas se quedaron en un cuarto, mi amiga se fue con su novio y al final terminamos quedándonos solo tres en otra habitación: mi primo, otro amigo y yo. En ese cuarto había únicamente dos camas, así que naturalmente mi primo y yo terminamos durmiendo juntos y nuestro amigo en la otra.
Pero él ya estaba completamente dormido. Cayó en la cama y a los pocos minutos empezó a roncar. Mi primo y yo, en cambio, seguíamos despiertos. Apagamos la luz y el cuarto quedó apenas iluminado por la claridad que entraba de la ventana.
Antes de acostarnos, los dos nos habíamos quedado solo en ropa interior para dormir, algo completamente normal después de una fiesta y con el calor que hacía esa noche. Todo estaba en silencio… excepto los ronquidos de nuestro amigo y el ruido de mi cabeza pensando demasiado.
Recuerdo perfectamente lo incómodo que me sentía. Pero no era una incomodidad mala. Era esa sensación de querer hacer algo y al mismo tiempo tener miedo de hacerlo. Porque por primera vez entendí que lo que sentía por él ya no era solamente cariño de primos o de mejores amigos… y eso me asustaba muchísimo.
Los dos seguíamos despiertos, acostados sin decir nada, fingiendo tranquilidad… aunque en el fondo yo sentía que ambos estábamos pensando exactamente en lo mismo. Después de unos minutos me giré un poco hacia él y en voz bajita le pregunté: “¿Sigues despierto?”
Y apenas terminé de decirlo, él también se giró hacia mí. Ahí quedamos los dos, frente a frente, mirándonos en silencio. Y no sé cómo explicarlo pero… hasta hoy sigo recordando esa mirada.
Porque sentí que los dos entendimos todo sin necesidad de decir una sola palabra. Entonces pasó otra vez. Poco a poco nos acercamos y terminamos besándonos de nuevo. Sin bromas, sin retos, sin amigos empujándonos a hacer algo. Esta vez éramos solamente él y yo.
Y después de ese beso… todo cambió. Fue como si durante años hubiéramos estado guardando algo que ninguno sabía cómo explicar. Afuera todo seguía igual: la madrugada, el silencio, los ronquidos de nuestro amigo al otro lado del cuarto… pero dentro de mí sentía que algo estaba naciendo por primera vez.

Recuerdo la forma en que nos mirábamos. Con miedo. Con nervios. Pero también con una confianza que jamás había sentido con otra persona. Poco a poco nos fuimos abrazando más fuerte, como si ambos necesitáramos sentir que aquello era real.
Y esa noche nos entregamos emocionalmente el uno al otro de una manera que nunca habíamos vivido antes. Éramos dos personas descubriendo sentimientos completamente nuevos, intentando entender por qué, aun teniendo tanto miedo, nada de eso se sentía incorrecto cuando estábamos juntos.
La ventana estaba empañada por el calor de la habitación, el tiempo parecía detenido y, por momentos, olvidé por completo todo lo que existía afuera de ese cuarto. Nunca voy a olvidar esa sensación… porque no fue solamente cercanía, fue la primera vez que sentí algo tan fuerte recorriéndome por dentro.
Y creo que él sintió exactamente lo mismo. Su expresión me lo decía. Como si ambos hubiéramos descubierto una parte de nosotros que ni siquiera sabíamos que existía.
Al día siguiente desperté y por un momento me quedé mirando el techo, intentando entender si todo lo que había pasado había sido real. Luego volteé hacia el otro lado de la cama… y ya no estaba nadie en el cuarto.
Afuera se escuchaban voces, platos y gente riéndose bajito. Me levanté, me cambié y bajé intentando actuar normal, aunque por dentro sentía el corazón acelerado desde que abrí los ojos.
Todos estaban desayunando como si nada hubiera pasado. Las chicas platicando, algunos todavía medio dormidos… y él sentado al fondo de la mesa. Y jamás voy a olvidar lo que sentí cuando me vio.
Porque simplemente sonrió y me dijo: “Vente, güey.” Así… normal. Sin tensión. Sin incomodidad. Y honestamente, eso me tranquilizó muchísimo.
Me senté a su lado y seguimos desayunando mientras todos hablaban alrededor nuestro. Pero yo sentía que entre él y yo existía un secreto enorme que nadie más podía notar.
En un momento se acercó un poquito y me dijo bajito: “Luego hablamos.” Y yo solamente asentí. Después nos fuimos juntos a la terminal de autobuses y nos sentamos hasta el fondo.
Yo iba viendo por la ventana, nervioso, intentando juntar valor para decir algo. Hasta que al final le confesé: “La verdad… sí me acuerdo de todo lo de anoche. Y no voy a decir que estuvo mal, porque me gustó estar contigo.”
Todavía recuerdo la forma en que me miró después de escucharme… Sonrió nervioso y me dijo: “A mí también me gustó… y creo que tú me gustas de verdad.”
Cuando dijo eso sentí algo en el pecho que no puedo explicar… Porque hasta ese día yo todavía quería creer que todo había sido una confusión, culpa de la fiesta o del alcohol… pero en el fondo sabía que no era así.
Lo que sentíamos era real. Claro que hablamos del hecho de ser primos. Sabíamos que mucha gente jamás lo entendería, pero en ese momento lo único que nos importaba era que juntos nos sentíamos bien.
Decidimos seguir como siempre, sin alejarnos y sin cambiar nuestra relación. Con el tiempo ambos intentamos seguir nuestras vidas normales. Salimos con chicas, tuvimos relaciones y aparentábamos que todo estaba bien. Pero al menos yo me sentía vacío. Intentaba ser feliz con alguien más, pero había una verdad que ya no podía ignorar: incluso estando con otra persona… quien seguía ocupando mi mente era él.

Con el tiempo, tanto él como yo terminamos nuestras relaciones. Y después de eso empezamos a unirnos todavía más. Lo que había nacido aquella noche en la fiesta volvió a repetirse muchas veces durante esa semana en la que ambos terminamos con nuestras novias. De esas veces en las que no solo te duelen los labios de tantos besos, sino también todo lo que se imaginan… y aun así quieres volver a vivirlo una y otra vez.
Ya no era solamente curiosidad. Era cariño. Era confianza. Era esa necesidad de buscarlo a él incluso en los días normales. Los dos aceptamos que no queríamos conocer a nadie más. Que, de alguna manera, ya nos habíamos elegido.
Nunca hubo una gran escena romántica ni una pregunta formal de “¿quieres ser mi novio?” Pero ambos entendimos que lo nuestro ya había dejado de ser algo pasajero. Decidimos estar juntos. Solo él y yo. Y aunque todavía somos muy cuidadosos con todo, porque sabemos que mucha gente probablemente no lo entendería, la verdad es que cuando estamos juntos dejamos de sentir miedo por un rato.
Nuestros amigos no sospechan nada. Porque desde siempre nos veían abrazados, juntos para todo, molestándonos o buscándonos entre la gente. Para ellos solo somos los primos inseparables de siempre. Pero la realidad es que hoy, cuando lo veo, ya no puedo fingir que solamente es mi primo.
Porque lo amo. No sé qué vaya a pasar mañana. No sé cuánto vaya a durar esto. Lo único que sé… es que nunca había sentido algo tan real por alguien como lo que siento por él.”
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